Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte TenÃa razón, perfecta razón. En consecuencia flirteé con una amiga suya, mucho más fea, pero infinitamente menos hábil para estas torturas del téte–a–téte a diez centÃmetros, cuya gracia exclusiva consiste en enloquecer a su flirt, manteniéndose uno dueño de sÃ. Y esta vez no fui yo quien se exasperó.
Seguro, pues, del triunfo, pensé entonces en el modo de romper con Inés. Continuaba viéndola, y aunque no podÃa ella engañarse sobre el amortiguamiento de mi pasión, su amor era demasiado grande para no iluminarle los ojos de felicidad cada vez que me veÃa llegar.
La madre nos dejaba solos; y aunque hubiera sabido lo que pasaba, habrÃa cerrado los ojos para no perder la más vaga posibilidad de subir con su hija a una esfera mucho más alta.
Una noche fui allá dispuesto a romper, con visible malhumor, por lo mismo. Inés corrió a abrazarme, pero se detuvo, bruscamente pálida.
–¿Qué tienes? –me dijo.
–Nada –le respondà con sonrisa forzada, acariciándole la frente. Ella dejó hacer, sin prestar atención a mi mano y mirándome insistentemente. Al fin apartó los ojos contraÃdos y entramos en la sala.
La madre vino, pero sintiendo cielo de tormenta, estuvo sólo un momento y desapareció.