Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte –Me creerá –reanudó Padilla– si le digo que en mis insomnios de soltero descontento de sà mismo la he tenido asà ante mÃ… Salà enseguida de Buenos Aires sin ver casi a nadie, y menos a mi flirt de gran fortuna… Volvà a los ocho años, y supe entonces que se habÃa casado, a los seis meses de haberme ido yo. Torné a alejarme, y hace un mes regresé, bien tranquilizado ya, y en paz.
No habÃa vuelto a verla. Era para mà como un primer amor, con todo el encanto dignificante que un idilio virginal tiene para el hombre hecho que después amó cien veces… Si usted es querido alguna vez como yo lo fui, y ultraja como yo lo hice, comprenderá toda la pureza que hay en mi recuerdo.
Hasta que una noche tropecé con ella. SÃ, esa misma noche en el teatro… ComprendÃ, al ver al opulento almacenero de su marido, que se habÃa precipitado en el matrimonio, como yo al Ucayali… Pero al verla otra vez, a veinte metros de mÃ, mirándome, sentà que en mi alma, dormida en paz, surgÃa sangrando la desolación de haberla perdido, como si no hubiera pasado un solo dÃa de esos diez años. ¡Inés! Su hermosura, su mirada –única entre todas las mujeres–, habÃan sido mÃas, bien mÃas, porque me habÃa sido entregada con adoración. También apreciará usted esto algún dÃa.