Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte ¡Y concluido! No me era posible ante mà mismo volver a tomar lo que acababa de ultrajar de ese modo: ya no era digno de ella, ni la merecÃa más. HabÃa enlodado en un segundo el amor más puro que hombre alguno haya sentido sobre sÃ, y acababa de perder con Inés la irreencontrable felicidad de poseer a quien nos ama entrañablemente.
Desesperado, humillado, crucé por delante de la sala, y la vi echada sobre el sofá, sollozando el alma entera entre sus brazos.
¡Inés! ¡Perdida ya! Sentà más honda mi miseria ante su cuerpo, todo amor, sacudido por los sollozos de su dicha muerta. Sin darme cuenta casi, me detuve.
–¡Inés! –dije.
Mi voz no era ya la de antes. Y ella debió notarlo bien, porque su alma sintió, en aumento de sollozos, el desesperado llamado que le hacÃa mi amor –¡esa vez, sÃ, inmenso amor!
–No, no… –me respondió–. ¡Es demasiado tarde!
…
Padilla se detuvo. Pocas veces he visto amargura más seca y tranquila que la de sus ojos cuando concluyó. Por mi parte, no podÃa apartar de mi memoria aquella adorable belleza del palco, sollozando sobre el sofá…