Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte A compás del montaje del solitario, Kassim recibió sobre su espalda trabajadora cuanto ardÃa de rencor y cocotaje frustrado en su mujer. Diez veces por dÃa interrumpÃa a su marido para ir con el brillante ante el espejo. Después se lo probaba con diferentes vestidos.
–Si quieres hacerlo después –se atrevió Kassim un dÃa–. Es un trabajo urgente.
Esperó respuesta en vano; su mujer abrÃa el balcón.
–¡MarÃa, te pueden ver!
–¡Toma! ¡Ahà está tu piedra!
El solitario, violentamente arrancado del cuello, rodó por el piso.
Kassim, lÃvido, lo recogió examinándolo y alzó luego desde el suelo la mirada a su mujer.
–Y bueno: ¿Por qué me miras as� ¿Se hizo algo tu piedra?
–No –repuso Kassim. Y reanudó enseguida su tarea, aunque las manos le temblaban hasta dar lástima.
Tuvo que levantarse al fin a ver a su mujer en el dormitorio, en plena crisis de nervios. Su cabellera se habÃa soltado, y los ojos le salÃan de las órbitas.
–¡Dame el brillante! –clamó–. ¡Dámelo! ¡Nos escaparemos! ¡Para mÃ! ¡Dámelo!