Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte El carruaje arrancaba al trote. Nébel que habÃa descendido afligido del estribo, corrió y alcanzó el ramo que la joven le tendÃa con el cuerpo casi fuera del coche.
Nébel habÃa llegado tres dÃas atrás de Buenos Aires, donde concluÃa su bachillerato. HabÃa permanecido allá siete años, de modo que su conocimiento de la sociedad actual de Concordia era mÃnimo. DebÃa quedar aún quince dÃas en su ciudad natal, disfrutados en pleno sosiego de alma, sino de cuerpo. Y he aquà que desde el segundo dÃa perdÃa toda su serenidad. Pero en cambio, ¡qué encanto!
–¡Qué encanto! –se repetÃa pensando en aquel rayo de luz, flor y carne femenina que habÃa llegado a él desde el carruaje. Se reconocÃa real y profundamente deslumbrado –y enamorado, desde luego.
¡Y si ella lo quisiera!… ¿Lo querrÃa? Nébel, para dilucidarlo, confiaba mucho más que en el ramo de su pecho, en la precipitación aturdida con que la joven habÃa buscado algo que darle. Evocaba claramente el brillo de sus ojos cuando lo vio llegar corriendo, la inquieta expectativa con que lo esperó –y en otro orden, la morbidez del joven pecho, al tenderle el ramo.
¡Y ahora, concluido! Ella se iba al dÃa siguiente a Montevideo. ¿Qué le importaba lo demás, Concordia, sus amigos de antes, su mismo padre? Por lo menos irÃa con ella hasta Buenos Aires.
