Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Hicieron efectivamente el viaje juntos, y durante él Nébel llegó al más alto grado de pasión que puede alcanzar un romántico muchacho de dieciocho años que se siente querido. La madre acogió el casi infantil idilio con afable complacencia, y se reÃa a menudo al verlos, hablando poco, sonriendo sin cesar y mirándose infinitamente.
La despedida fue breve, pues Nébel no quiso perder el último vestigio de cordura que le quedaba, cortando su carrera tras ella.
Ellas volverÃan a Concordia en el invierno, acaso una temporada. ¿IrÃa él? «¡Oh, no volver yo!» Y mientras Nébel se alejaba despacio por el muelle, volviéndose a cada momento, ella, de pecho sobre la borda y la cabeza baja, lo seguÃa con los ojos, mientras en la planchada los marineros levantaban los suyos risueños a aquel idilio –y al vestido, corto aún, de la tiernÃsima novia.
