Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Los dolores fulgurantes se sucedÃan en continuos relampagueos, y llegaban ahora a la ingle. La atroz sequedad de garganta que el aliento parecÃa caldear más, aumentaba a la par. Cuando pretendió incorporarse, un fulminante vómito lo mantuvo medio minuto con la frente apoyada en la rueda de palo.
Pero el hombre no querÃa morir, y descendiendo hasta la costa subió a su canoa. Sentóse en la popa y comenzó a palear hasta el centro del Paraná. Allà la corriente del rÃo, que en las inmediaciones del Iguazú corre seis millas, lo llevarÃa antes de cinco horas a Tacurú–Pucú.
El hombre, con sombrÃa energÃa, pudo efectivamente llegar hasta el medio del rÃo; pero allà sus manos dormidas dejaron caer la pala en la canoa, y tras un nuevo vómito –de sangre esta vez–, dirigió una mirada al sol que ya trasponÃa el monte.
La pierna entera, hasta medio muslo, era ya un bloque deforme y durÃsimo que reventaba la ropa. El hombre cortó la ligadura y abrió el pantalón con su cuchillo: el bajo vientre desbordó hinchado, con grandes manchas lÃvidas y terriblemente doloroso. El hombre pensó que no podrÃa jamás llegar él solo a Tacurú–Pucú, y se decidió a pedir ayuda a su compadre Alves, aunque hacÃa mucho tiempo que estaban disgustados.