Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte –¡SÃ, sÃ, alambre! ¡Ah, mà no sabe…!
–¡Bueno! Vea, don Zaninski; yo no quiero cuestiones con vecinos, pero tenga por última vez cuidado con su toro para que no entre por el alambrado del fondo: en el camino voy a poner alambre nuevo.
–¡Toro pasa por camino! ¡No fondo!
–Es que ahora no va a pasar Por el camino.
–¡Pasa, toro! ¡No púa, no nada! ¡Pasa todo!
–No va a pasar.
–¿Qué pone?
–Alambre de púa… Pero no va a pasar.
–¡No hace nada púa!
–Bueno; haga lo posible porque no entre, porque si pasa se va a lastimar.
El chacarero se fue. Es como lo anterior evidente que el maligno polaco, riéndose una vez más de las gracias del animal, compadeció, si cabe en lo posible, a su vecino que iba a construir un alambrado infranqueable por su toro. Seguramente se frotó las manos:
–¡Mà no podrán decir nada esta vez si toro come toda avena!