Cuentos de la selva
Cuentos de la selva En efecto: el vapor estaba muy lejos todavÃa cuando se detuvo. Los hombres que iban adentro miraron con anteojos aquella cosa atravesada en el rÃo y mandaron un bote a ver qué era aquello que les impedÃa pasar. Entonces los yacarés se levantaron y fueron al dique, y miraron por entre los palos, riéndose del chasco que se habÃa llevado el vapor.
El bote se acercó, vio el formidable dique que habÃan levantado los yacarés y se volvió al vapor. Pero después volvió otra vez al dique, y los hombres del bote gritaron:
—¡Eh, yacarés!
—¡Qué hay! —respondieron los yacarés, sacando la cabeza por entre los troncos del dique.
—¡Nos está estorbando eso! —continuaron los hombres.
—¡Ya lo sabemos!
—¡No podemos pasar!
—¡Es lo que queremos!
—¡Saquen el dique!
—¡No lo sacamos!
Los hombres del bote hablaron un rato en voz baja entre ellos y gritaron después:
—¡Yacarés!
—¿Qué hay? —contestaron ellos.
—¿No lo sacan?
—¡No!