Cuentos de la selva
Cuentos de la selva —Bueno —dijeron entonces los yacarés, saliendo del agua—. Vamos a morir todos, porque el buque va a pasar siempre y los peces no volverán.
Y estaban tristes, porque los yacarés chiquitos se quejaban de hambre.
El viejo yacaré dijo entonces:
—TodavÃa tenemos una esperanza de salvarnos. Vamos a ver al SurubÃ. Yo hice el viaje con él cuando fui hasta el mar, y tiene un torpedo. Él vio un combate entre dos buques de guerra, y trajo hasta aquà un torpedo que no reventó. Vamos a pedÃrselo, y aunque está muy enojado con nosotros los yacarés, tiene buen corazón y no querrá que muramos todos.
El hecho es que antes, muchos años antes, los yacarés se habÃan comido a un sobrinito del SurubÃ, y éste no habÃa querido tener más relaciones con los yacarés. Pero a pesar de todo fueron corriendo a ver al SurubÃ, que vivÃa en una gruta grandÃsima en la orilla del rÃo Paraná, y que dormÃa siempre al lado de su torpedo. Hay surubÃes que tienen hasta dos metros de largo y el dueño del torpedo era uno de éstos.
—¡Eh, SurubÃ! —gritaron todos los yacarés desde la entrada de la gruta, sin atreverse a entrar por aquel asunto del sobrinito.
—¿Quién me llama? —contestó el SurubÃ.
—¡Somos nosotros, los yacarés!