Cuentos de la selva
Cuentos de la selva —¡No tengo ni quiero tener relación con ustedes! —respondió el SurubÃ, de mal humor.
Entonces el viejo yacaré se adelantó un poco en la gruta y dijo:
—¡Soy yo, SurubÃ! ¡Soy tu amigo el yacaré que hizo contigo el viaje hasta el mar!
Al oÃr esa voz conocida, el Surubà salió de la gruta.
—¡Ah, no te habÃa conocido! —le dijo cariñosamente a su viejo amigo—. ¿Qué quieres?
—Venimos a pedirte el torpedo. Hay un buque de guerra que pasa por nuestro rÃo y espanta a los peces. Es un buque de guerra, un acorazado. Hicimos un dique, y lo echó a pique. Hicimos otro, y lo echó también a pique. Los peces se han ido, y nos moriremos de hambre. Danos el torpedo, y lo echaremos a pique a él.
El SurubÃ, al oÃr esto, pensó un largo rato, y después dijo:
—Está bien; les prestaré el torpedo, aunque me acuerdo siempre de lo que hicieron con el hijo de mi hermano. ¿Quién sabe hacer reventar el torpedo?
Ninguno sabÃa, y todos callaron.
—Está bien —dijo el SurubÃ, con orgullo—, yo lo haré reventar. Yo sé hacer eso.