Cuentos de la selva
Cuentos de la selva —¿Quién es ése? —preguntó un yacarecito ignorante.
—Es el oficial —le respondió el Surub×. Mi viejo amigo le habÃa prometido que lo iba a comer, y se lo ha comido.
Los yacarés sacaron el resto del dique, que para nada servÃa ya, puesto que ningún buque volverÃa a pasar por allÃ. El SurubÃ, que se habÃa enamorado del cinturón y los cordones del oficial, pidió que se los regalaran, y tuvo que sacárselos de entre los dientes al viejo yacaré, pues habÃan quedado enredados allÃ. El Surubà se puso el cinturón, abrochándolo por bajo las aletas, y del extremo de sus grandes bigotes prendió los cordones de la espada. Como la piel del Surubà es muy bonita, y las manchas oscuras que tiene se parecen a las de una vÃbora, el Surubà nadó una hora pasando y repasando ante los yacarés, que lo admiraban con la boca abierta.
Los yacarés lo acompañaron luego hasta su gruta, y le dieron las gracias infinidad de veces. Volvieron después a su paraje. Los peces volvieron también, los yacarés vivieron y viven todavÃa muy felices, porque se han acostumbrado al fin a ver pasar vapores y buques que llevan naranjas.
Pero no quieren saber nada de buques de guerra.