Cuentos de la selva
Cuentos de la selva HabÃa una vez un venado —una gama— que tuvo dos hijos mellizos, cosa rara entre los venados. Un gato montés se comió a uno de ellos, y quedó sólo la hembra. Las otras gamas, que la querÃan mucho, le hacÃan siempre cosquillas en los costados.
Su madre le hacÃa repetir todas las mañanas, al rayar el dÃa, la oración de los venados. Y dice asÃ:
I
Hay que oler bien primero las hojas antes de comerlas, porque algunas son venenosas.
II
Hay que mirar bien el rÃo y quedarse quieto antes de bajar a beber, para estar seguro de que no hay yacarés.
III
Cada media hora hay que levantar bien alto la cabeza y oler el viento, para sentir el olor del tigre.
IV
Cuando se come pasto del suelo, hay que mirar siempre antes los yuyos para ver si hay vÃboras.
Éste es el padrenuestro de los venados chicos. Cuando la gamita lo hubo aprendido bien, su madre la dejó andar sola.
