Cuentos de la selva
Cuentos de la selva Ahora bien, una vez un hombre fue a vivir allá, y no quiso que tiraran bombas de dinamita, porque tenÃa lástima de los pececitos. Él no se oponÃa a que pescaran en el rÃo para comer; pero no querÃa que mataran inútilmente a millones de pececitos. Los hombres que tiraban bombas se enojaron al principio, pero como el hombre tenÃa un carácter serio, aunque era muy bueno, los otros se fueron a cazar a otra parte, y todos los peces quedaron muy contentos. Tan contentos y agradecidos estaban a su amigo que habÃa salvado a los pececitos, que lo conocÃan apenas se acercaba a la orilla. Y cuando él andaba por la costa fumando, las rayas lo seguÃan arrastrándose por el barro, muy contentas de acompañar a su amigo. Él no sabÃa nada, y vivÃa feliz en aquel lugar.
Y sucedió que una vez, una tarde, un zorro llegó corriendo hasta el YabebirÃ, y metió las patas en el agua, gritando:
—¡Eh, rayas! ¡Ligero! Ahà viene el amigo de ustedes, herido.
Las rayas, que lo oyeron, corrieron ansiosas a la orilla. Y le preguntaron al zorro:
—¿Qué pasa? ¿Dónde está el hombre?
—¡Ahà viene! —gritó el zorro de nuevo—. ¡Ha peleado con un tigre! ¡El tigre viene corriendo! ¡Seguramente va a cruzar a la isla! ¡Denle paso, porque es un hombre bueno!