Cuentos de la selva
Cuentos de la selva El tigre quiso continuar, sin embargo; pero el dolor era tan atroz, que lanzó un alarido y retrocedió corriendo como loco a la orilla. Y se echó en la arena de costado, porque no podÃa más de sufrimiento; y la barriga subÃa y bajaba como si estuviera cansadÃsimo.
Lo que pasaba es que el tigre estaba envenenado con el veneno de las rayas.
Pero aunque habÃan vencido al tigre, las rayas no estaban tranquilas porque tenÃan miedo de que viniera la tigra y otros tigres, y otros muchos más… Y ellas no podrÃan defender más el paso.
En efecto, el monte bramó de nuevo, y apareció la tigra, que se puso loca de furor al ver al tigre tirado de costado en la arena. Ella vio también el agua turbia por el movimiento de las rayas, y se acercó al rÃo. Y tocando casi el agua con la boca, gritó:
—¡Rayas! ¡Quiero paso!
—¡No hay paso! —respondieron las rayas.
—¡No va a quedar una sola raya con cola, si no dan paso! —rugió la tigra.
—¡Aunque quedemos sin cola, no se pasa! —respondieron ellas.
—¡Por última vez, paso!
—¡NI NUNCA! —gritaron las rayas.