Cuentos de la selva
Cuentos de la selva La tigra, enfurecida, habĂa metido sin querer una pata en el agua, y una raya, acercándose despacio, acababa de clavarle todo el aguijĂłn entre los dedos. Al rugido de dolor del animal, las rayas respondieron, sonriĂ©ndose:
—¡Parece que todavĂa tenemos cola!
Pero la tigra habĂa tenido una idea, y con esa idea entre las cejas, se alejaba de allĂ, costeando el rĂo aguas arriba, y sin decir una palabra.
Mas las rayas comprendieron tambiĂ©n esta vez cuál era el plan de su enemigo. El plan de su enemigo era Ă©ste: pasar el rĂo por otra parte, donde las rayas no sabĂan que habĂa que defender el paso. Y una inmensa ansiedad se apoderĂł entonces de las rayas.
—¡Va a pasar el rĂo aguas más arriba! —gritaron—. ¡No queremos que mate al hombre! ¡Tenemos que defender a nuestro amigo!
Y se revolvĂan desesperadas entre el barro, hasta enturbiar el rĂo.
—¡Pero quĂ© hacemos! —decĂan—. Nosotras no sabemos nadar ligero… ¡La tigra va a pasar antes que las rayas de allá sepan que hay que defender el paso a toda costa!
Y no sabĂan quĂ© hacer. Hasta que una rayita muy inteligente dijo de pronto: