El Alambre de púas
El Alambre de púas Después de trasponer la loma, los caballos vieron de pronto a las vacas detenidas en el camino, y el recuerdo de la tarde anterior excitó sus orejas y su paso: querían ver cómo era el nuevo alambrado.
Pero su decepción, al llegar, fué grande.
En los postes nuevos,--obscuros y torcidos,--había dos simples alambres de púa, gruesos, tal vez, pero únicamente dos.
No obstante su mezquina audacia, la vida constante en chacras había dado a los caballos cierta experiencia en cercados.
Observaron atentamente aquello, especialmente los postes.
--Son de madera de ley--observó el malacara.
--Sí, cernes quemados.
Y tras otra larga mirada de examen, constató: --El hilo pasa por el medio, no hay grampas.
--Están muy cerca uno de otro.
Cerca, los postes, sí, indudablemente: tres metros.
Pero en cambio, aquellos dos modestos alambres en reemplazo de los cinco hilos del cercado anterior, desilusionaron a los caballos.