El Alambre de púas
El Alambre de púas ¿Cómo era posible que el hombre creyera que aquel alambrado para terneros iba a contener al terrible toro? --El hombre dijo que no iba a pasar--se atrevió, sin embargo, el malacara, que en razón de ser el favorito de su amo, comía más maíz, por lo cual sentíase más creyente.
Pero las vacas lo habían oído.
--Son los caballos.
Los dos tienen soga.
Ellos no pasan.
Barigüí pasó ya.
--¿Pasó? ¿Por aquí?--preguntó descorazonado el malacara.
--Por el fondo.
Por aquí pasa también.
Comió la avena.
Entretanto, la vaquilla locuaz había pretendido pasar los cuernos entre los hilos; y una vibración aguda, seguida de un seco golpe en los cuernos dejó en suspenso a los caballos.
--Los alambres están muy estirados--dijo después de largo examen el alazán.
--Sí.
Más estirados no se puede.
Y ambos, sin apartar los ojos de los hilos, pensaban confusamente en cómo se podría pasar entre los dos hilos.