El Alambre de púas
El Alambre de púas Ni tranquera, ni alambrado, ni monte, ni desmonte, nada era para ellos obstáculo.
Habían visto cosas extraordinarias, salvando dificultades no creíbles, y se sentían gordos, orgullosos y facultados para tomar la decisión más estrafalaria que ocurrírseles pudiera.
En este estado de énfasis, vieron a cien metros de ellos varias vacas detenidas a orillas del camino, y encaminándose allá llegaron a la tranquera, cerrada con cinco robustos palos.
Las vacas estaban inmóviles, mirando fijamente el verde paraíso inalcanzable.
--¿Por qué no entran?--preguntó el alazán a las vacas.
--Porque no se puede--le respondieron.
--Nosotros pasamos por todas partes,--afirmó el alazán, altivo.
--Desde hace un mes pasamos por todas partes.
Con el fulgor de su aventura, los caballos habían perdido sinceramente el sentido del tiempo.
Las vacas no se dignaron siquiera mirar a los intrusos.
--Los caballos no pueden,--dijo una vaquillona movediza.
--Dicen eso y no pasan por ninguna parte.
Nosotras sí pasamos por todas partes.