El Alambre de púas
El Alambre de púas --Tienen soga--añadió una vieja madre sin volver la cabeza.
--¡Yo no, yo no tengo soga!--respondió vivamente el alazán.
--Yo vivÃa en las capueras y pasaba.
--¡SÃ, detrás de nosotras! Nosotras pasamos y ustedes no pueden.
La vaquillona movediza intervino de nuevo: --El patrón dijo el otro dÃa: a los caballos con un solo hilo se los contiene.
¿Y entonces?.
¿Ustedes no pasan? --No, no pasamos,--repuso sencillamente el malacara, convencido por la evidencia.
--¡Nosotras sÃ! Al honrado malacara, sin embargo, se le ocurrió de pronto que las vacas, atrevidas y astutas, impenitentes invasoras de chacras y del Código Rural, tampoco pasaban la tranquera.
--Esta tranquera es mala,--objetó la vieja madre.
--¡El sÃ! Corre los palos con los cuernos.
--¿Quién?--preguntó el alazán.
Todas las vacas volvieron a él la cabeza con sorpresa.
--¡El toro, BarigüÃ! El puede más que los alambrados malos.
--¿Alambrados?.