El Lobisón
El Lobisón »—¡Verdad! ¡La va a comer, mamá! ¡La va a comer! —rompieron las muchachas—. ¡Qué lindo! ¡Va a pelear con los perros! ¡Los va a comer a todos! —palmoteaban alegremente.
»En ese tono ya, proseguimos forzando la broma hasta tal punto que, cuando los novios se retiraron del baile, nos quedamos en silencio, esperando. Fui a decir algo, pero las muchachas se llevaron el dedo a la boca.
»Y de pronto un alarido de terror salió del fondo del patio. Las muchachas lanzaron un grito, mirándome espantadas. Los peones oyeron también y la guitarra cesó. Sentà una llamarada de locura, como una fatalidad que hubiera estado jugando conmigo mucho tiempo. Otro alarido de terror llegó, y el pelo se me erizó hasta la raÃz. Dije no sé qué a las mujeres despavoridas y me precipité locamente. Los peones corrÃan ya. Otro grito de agonÃa nos sacudió, e hicimos saltar la puerta de un empujón: sobre el catre, a los pies de la pobre muchacha desmayada, un chancho enorme gruñÃa. Al vernos saltó al suelo, firme en las patas, con el pelo erizado y los belfos retraÃdos. Miró rápidamente a todos y al fin fijó los ojos en mà con una expresión de profunda rabia y rencor. Durante cinco segundos me quemó con su odio. Precipitose enseguida sobre el grupo, disparando al campo. Los perros lo siguieron mucho tiempo.