El potro salvaje y otros cuentos
El potro salvaje y otros cuentos Era un caballo, un joven potro de corazón ardiente, que llegó del desierto a la ciudad, a vivir del espectáculo de su velocidad.
Ver correr aquel animal era, en efecto, un espectáculo considerable. CorrÃa con la crin al viento y el viento en sus dilatadas narices. CorrÃa, se estiraba; y se estiraba más aún, y el redoble de sus cascos en la tierra no se podÃa medir. CorrÃa sin reglas ni medida, en cualquier dirección del desierto y a cualquier hora del dÃa. No existÃan pistas para la libertad de su carrera, ni normas para el despliegue de su energÃa. PoseÃa extraordinaria velocidad y un ardiente deseo de correr. De modo que se daba todo entero en sus disparadas salvajes —y ésta era la fuerza de aquel caballo.
A ejemplo de los animales muy veloces, el joven potro tenÃa pocas aptitudes para el arrastre. Tiraba mal, sin coraje, ni brÃos, ni gusto. Y como en el desierto apenas alcanzaba el pasto para sustentar a los caballos de pesado tiro, el veloz animal se dirigió a la ciudad a vivir de sus carreras.
