El Salvaje
El Salvaje Wéber contempló entre la muchedumbre la ejecución de Servet, quemado a fuego vivo, cuando la Inquisición de Viena, más sutil, lo había ya sentenciado a fuego lento.
Cuatro meses después, la pulcritud calvinista marcó a la propia hermana de Wéber, joven y bella esposa de un barbero, que desesperó quince días en la cárcel en castigo de su peinado gracioso, conceptuado provocador.
Wéber, al saberlo, dejó su delantal y sus ácidos y acudió a dos censores que conocían a su hermana como honesta. Tres horas después citábasele a él mismo, y lleno de asombro oyó su condena a quince días de cárcel, por complicidad. Concluidos los cuales salieron juntos hermana y hermano.