El Salvaje

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Cuando las abejas proceden así, sin aterrizar antes en racimo, es para marchar con destino marcado a ocupar tal hueco de árbol que las abejas han explorado ya. Este proceder, sin embargo, no agradaba a Kean, quien recordó a sus asociadas las mutuas obligaciones contraídas de una y otra parte. Pero las abejas le hicieron comprender que si la miel que producían era su debido tributo al hombre Kean, en el pacto no se había hecho jamás mención del derecho a enjambrar.

La objeción era leal, y Kean no se quejó; pero esperó otro motivo de disgusto para enterar a su vez a las abejas de los derechos que él mismo creía tener a la salud de su hijo, comprometida si la producción de miel cesaba. Y cesaría, puesto que los enjambres huían.

El momento llegó en una cálida mañana de febrero. La anormal agitación de las abejas, su vivo zumbido y el vaivén de inquietud característicos, indicaron a Kean que las abejas se aprestaban a enjambrar. Visto lo cual, Kean fabricó lo que se llama guarda entrada, cuyo objeto es impedir que la reina salga de la colmena, y que consiste en una chapa metálica perforada con calibre tal que los agujeros, deteniendo a la reina, dan paso suficiente a las abejas. La tarea, al parecer sencilla, llevó toda esa tarde a Kean; pero al anochecer la lámina quedaba ajustada a la entrada de la colmena.


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