El vampiro
El vampiro PodrÃa él ser un maniático, un perseguido y un fronterizo; pero lo que es indudable, es que poseÃa una gran fuerza de voluntad.
Y para los seres que viven en la frontera del más allá racional, la voluntad es el único sésamo que puede abrirles las puertas de lo eternamente prohibido.
Encerrarse en las tinieblas con una placa sensible ante los ojos y contemplarla hasta imprimir en ella los rasgos de una mujer amada, no es una experiencia que cueste la vida.
Rosales podÃa intentarla, realizarla, sin que genio alguno puesto en libertad viniera a reclamar su alma.
Pero la pendiente ineludible y fatal a que esas fantasÃas arrastran, era lo que me inquietaba en él y temÃa por mÃ.
A pesar de sus promesas, nada supe de Rosales durante algún tiempo.
Una tarde la casualidad nos puso uno al lado del otro en el pasadizo central de un cinematógrafo, cuando salÃamos ambos a mitad de una sección.
Rosales se retiraba con lentitud, alta la cabeza a los rayos de la luz y sombras que partÃan de la linterna proyectura y atravesaba oblicuamente la sala.
ParecÃa distraÃdo con ello, pues tuve que nombrarlo dos veces para que me oyera.
–Me proporciona usted un gran placer –me dijo–.