El vampiro
El vampiro Voy a concretar el fin de mi visita en breves palabras: ¿Quiere usted estudiar conmigo lo que podrÃamos llamar su tesis? ¿Se siente usted con fuerzas para correr el riesgo? –¿De un fracaso? –inquirÃ.
–No.
No son los fracasos lo que podrÃamos temer.
–¿Qué? –Lo contrario.
–Creo lo mismo –asentà yo, y en pos de una pausa–.
¿Está usted seguro, señor Rosales, de su sistema nervioso? –Mucho –tornó a sonreÃr con su calma habitual–.
SerÃa para mà un placer tenerle a usted al cabo de mis experiencias.
¿Me permite usted que nos volvamos a ver otro dÃa? Yo vivo solo, tengo pocos amigos, y es demasiado rico el conocimiento que he hecho de usted para que no desee contarlo entre aquéllos.
–Encantado, señor Rosales –me incliné.
Y un instante después, dicho extraño señor abandonaba mi compañÃa.
Muy extraño, sin duda.
Un hombre culto, de gran fortuna, sin patria y sin amigos, entretenido en experiencias más extrañas que su mismo existir, lo tenÃa todo de su parte para excitar mi curiosidad.