El vampiro
El vampiro –No quiero reticencias con usted –dijo–.
Nuestra amiga jamás saldrá de la niebla doliente en que se arrastra.
de no mediar un milagro.
Sólo un golpecito del destino puede concederle la vida a que toda creación tiene derecho, si no es un monstruo.
–¿Qué golpecito? –pregunté.
–Su muerte, allá en Hollywood.
Rosales concluyó su taza de café y yo azucaré la mÃa.
Pasaron sesenta segundos.
Yo rompà el silencio: –Tampoco eso remediarÃa nada.
–murmuré.
–¿Cree usted? –dijo Rosales.
–Estoy seguro.
No podrÃa decirle por qué, pero siento que es asÃ.
Además, usted no es capaz de hacer eso.
–Soy capaz, señor Grant.
Para mÃ, para usted, esta creación espectral es superior a cualquier engendro vivo por la sola fuerza rutinaria del subsistir.