El vampiro
El vampiro Mi existencia real se ha deslizado, ha estado contenida como en una cripta, bajo la alcoba amorosa y el dosel de plafonniers lÃvidos, donde en compañÃa de otro hombre hemos rendido culto a los dibujos en losange del muro, que ostentaban por todo corazón el espectro de una mujer.
Por todo noble corazón.
–No serÃa del todo sincero con usted –rompió Rosales una noche en que nuestra amiga, cruzada de piernas y un codo en la rodilla, pensaba abstraÃda–.
No serÃa sincero si me mostrara con usted ampliamente satisfecho de mi obra.
He corrido graves riesgos para unir a mi destino esta pura y fiel compañera; y darÃa lo que me resta de años por proporcionarle un solo instante de vida.
Señor Grant: he cometido un crimen sin excusa.
¿Lo cree usted asÃ? –Lo creo –respondÖ.
Todos sus dolores no alcanzarÃan a redimir un solo errante gemido de esa joven.
–Lo sé perfectamente.
Y no tengo derecho a sostener lo que hice.
–Deshágalo.
Rosales sacudió la cabeza: –No, nada remediarÃa.
Hizo una pausa.
Luego, alzando la mirada y con la misma expresión tranquila y el tono reposado de voz que parecÃa alejarlo a mil leguas del tema.