El vampiro
El vampiro Cuando volvà de mi viaje, no estaba más ella.
Señor Grant.
¿Recuerda usted haberla visto en el instante mismo de perder usted el sentido? –No recuerdo.
–murmuré.
–Es lo que pensé.
Al hacer lo que hice la noche de su desmayo, ella desapareció de aquÃ.
Al regresar yo, torturé mi imaginación para recogerla de nuevo del más allá.
¡Y he aquà lo que he obtenido! Mientras ella perteneció a este Mundo, pude corporizar su vida espectral en una dulce criatura.
Arranqué la vida a la otra para animar su fantasma y ella, por toda substanciación, pone en mis manos su esqueleto.
Rosales se detuvo.
De nuevo habÃa yo sorprendido su expresión ausente mientras hablaba.
–Rosales.
–comencé.
–¡Pst! –me interrumpió, bajando aún más el tono–.
Le ruego no levante la voz.
Ella está allÃ.
–¿Ella.
? –AllÃ, en el comedor.