El vampiro
El vampiro ¿Qué se ha hecho su esqueleto? –Regresó –me respondió–.
Regresó a la nada.
Pero ella está ahora allà en el diván.
Escúcheme usted, señor Grant: jamás criatura alguna se ha impuesto a su creador.
Yo creé un fantasma; y, equivocadamente, un harapo de huesos.
Usted ignora algunos detalles de la creación.
Óigalos ahora.
Adquirà una linterna y proyecté las cintas de nuestra amiga sobre una pantalla muy sensible a los rayos N1 (los rayos N1, ¿recuerda usted?).
Por medio de un vulgar dispositivo mantuve en movimiento los instantes fotográficos de mayor vida de la dama que nos aguarda.
Usted sabe bien que hay en todos nosotros, mientras hablamos, instantes de tal convicción, de una inspiración tan a tiempo, que notamos en la mirada de los otros, y sentimos en nosotros mismos, que algo nuestro se proyecta adelante.
Ella se desprendió asà de la pantalla, fluctuando a escasos milÃmetros al principio, y vino por fin a mÃ, tal como usted la ha visto.
Hace de esto tres dÃas.
Ella está allÃ.