Historia de un amor turbio
Historia de un amor turbio Como había en ella toda la preocupación y cordura vigilante de una madre, tenía predilección por Eglé, de nueve años, bien que representara menos. Cuidaba de ella con prolijidad de hermana mayor, soltera y sensata, que hacía reír a la madre. La criatura comía a su lado, buscando el apoyo de sus ojos cuando estaba indecisa. Lola era quien la arreglaba todas las mañanas para ir al colegio. Sentada en una silla baja, con la criatura de pie entre sus muslos, observaba sin fatigarse el distinto efecto de sus lazos, con la atención estudiosa de las mujeres que observan de cerca un paño.
Roban conoció apenas al padre. Rara vez lo hallaba, ni aún en la mesa. Era un hombre bajo y delgado, de color cetrino y ademanes bruscos. Parecía simpatizar muy poco con Rohán.
La madre tenía, bajo el aparente descuido de su bonachona negligencia de obesa, la naturaleza sensata, campesina y calculista de que salen las hijas histéricas.