Historia de un amor turbio
Historia de un amor turbio Rohán, fastidiado, comió sin resistir más, y dos horas después tenÃa el ineludible puño cerrado en la boca del estómago. Su desgano aumentó, sin que el piano de Mercedes lo animara. Mercedes tocaba bien, sobre todo lo sentimental. Era ése uno de los fenómenos que más habÃan preocupado a Rohán. Constábale que Mercedes no sentÃa la música —de Chopin, por ejemplo. Y, sin embargo, la interpretaba perfectamente. Rohán se preguntaba cómo podÃa de ese modo sentirla tan bien en homenaje a los hombres, sin que ella misma la sintiera; y concluÃa pensando que si en vez de ser conocido por melancólico, se tuviera por frÃvolo a Chopin, la joven tocarÃa de muy distinto modo.
El nocturno concluyó.
—¿Qué hace ahÃ, Rohán? —se volvió la ejecutante.
—Nada.
—¿Nada? ¿De veras?
—Nada. ¿Quiere que haga alguna cosa?
—SÃ, váyase al balcón. Está horrible esta noche.
—¿Le duele el estómago, Rohán? —intervino la madre.
—Un poco, señora…
—No es nada. Yo a veces siento asÃ… Pero deberÃa cuidarse un poco más. ¡Usted es muy desarreglado!