Historia de un amor turbio
Historia de un amor turbio V
Entretanto, la pequeña Eglé habÃa salido al balcón. Rohán, ganado por la belleza de la noche, atrajo la criatura a sÃ, y comenzó distraÃdo a acariciarle el cabello. Poco a poco Eglé se fue aproximando a su amigo; y al rato, al bajar Rohán la mirada, vio los ojos azules de Eglé fijos en los suyos con una expresión de hondo examen, —o más bien que habiendo comenzado siendo examen, ahora no era sino una honda contemplación.
La criatura, al verse observada, miró a otro lado. Rohán detuvo la mano que la acariciaba y Eglé se apretó más a él.
—¿Se va? —le preguntó.
—SÃ, mañana —respondió Rohán, jugando ahora con el cuello de Eglé.
—¿Se va? —repitió la pequeña al cabo de un momento.
—SÃ, mi novia, sÃ… —repuso al fin Rohán, un poco sorprendido. Notaba algo anormal en su pequeña amiga. La criatura volvió a mirarlo, pero apartó en seguida los ojos. Un momento después los alzó de nuevo, dilatados.
—¿Usted me quiere? —le preguntó Eglé con la voz tomada.
—Te quiero mucho, Eglé…