Historia de un amor turbio
Historia de un amor turbio Ella lo miró hasta el fondo con desconfiada angustia. Luego agregó, mirando a otro lado, en un como doloroso convencimiento adquirido desde hacÃa largo tiempo:
—Yo lo quiero mucho…
Rohán la atrajo más a sà y la besó enternecido:
—Eglé…
—¡Lo querré siempre!… —continuó Eglé, casi por llorar. Rodeó con su brazo el cuello de Rohán, y se mantuvo asà estrechada a él. Rohán, mucho más conmovido de lo que hubiera creÃdo, le preguntó en voz muy baja:
—Y cuando seas grande, ¿me querrás?
La criatura movió a uno y otro lado la cabeza, a modo de las mujeres ya formadas, cuando la pregunta lleva ya en sà su dolorosa respuesta:
—¡SÃ, sÃ!…
—¿Y te casarás conmigo?
Eglé no respondió; pero unió más su cara a la de él, estremecida. Sus ojos fijos, llenos de lágrimas, contaron a la luna muy alta esa insuperable dicha que nunca, nunca habÃa de llegar. No hablaba ya, abrazándole siempre y con su mejilla húmeda apretada a la de Rohán.