Historia de un amor turbio
Historia de un amor turbio Rohán no sabĂa quĂ© hacer. ÂżQuĂ© decir a la pequeña? SentĂase un poco en ridĂculo. Hasta que por fin la voz de Mercedes lo llamĂł adentro. HabĂa concluido la mĂşsica, y era imperdonable que un hombre bien educado, como habĂa ciertas presunciones para creerlo en Rohán, hiciera tan mezquino caso de sus amigas que querĂan distraerlo.
—No, oĂa todo. Muy bien, Lola… Lástima grande que cuando vuelva no la oirĂ© más.
—¿Por qué?
—Porque usted estará casada.
—¿Usted cree? —saltĂł Mercedes—. Con ese de ahora no; es demasiado informal para Lola. A mĂ me gustarĂa… ÂżMe lo pasas, Lola?
Rohán observó:
—Si estuviera tan seguro de vivir cien años como de que la voy a hallar soltera.
Mercedes entornĂł los ojos, y muy lentamente:
—El señor Rohán me parece…
—¿Qué?
—¡Oiga! —prorrumpió—. Esto va a decir usted: “De nieve están cubiertos mis cabellos”…
La madre sacudiĂł los hombros ante el continuo disparatar y se fue adentro.
Lola, desde el sofá en que se oprimĂa los ojos, ya con sueño, continuĂł:
“Un año ausente de tus ojos bellos…