Los desterrados
Los desterrados —Pois não, seu João… —apoyaba el otro, manteniendo fijos en el fuego sus ojos en que sonreÃa una ternura casi infantil.
—E eu me lembro de todo… E de mamãe… A mamãe moça…
Las tardes pasaban de este modo, perdidos ambos de extrañeza en la flamante Misiones.
Para mayor extravÃo, se iniciaba en aquellos dÃas el movimiento obrero, en una región que no conserva del pasado jesuÃtico sino dos dogmas: la esclavitud del trabajo, para el nativo, y la inviolabilidad del patrón. Se vieron huelgas de peones que esperaban a Boycott como a un personaje de Posadas, y manifestaciones encabezadas por un bolichero a caballo que llevaba la bandera roja, mientras los peones analfabetos cantaban apretándose alrededor de uno de ellos, para poder leer la Internacional que aquél mantenÃa en alto. Se vieron detenciones sin que la caña fuera su motivo, y hasta se vio la muerte de un sahib.
João Pedro, vecino del pueblo, comprendió de todo esto menos aún que el bolichero de trapo rojo, y aterido por el otoño ya avanzado, se encaminó a la costa del Paraná.