Más alla
Más alla Porque nunca, en efecto, las más Ãntimas finuras del corazón humano habÃan hallado tal órgano de expresión vocal. ¿Fluidez de un alma virgen, sorprendida por la poesÃa desde su primer albor? ¡Quién lo sabe! Y nadie menos que la divina criatura, pues es ocioso advertir que la educación habÃa hecho de ella una humana adolescente, con todas las ideas, ternuras y modalidades de la mujer.
Entretanto, como en los tiempos de su primera infancia, la señorita leona solicitaba sobre sà la atención pública. Era ella la esperanza de todo un pueblo, cada anuncio de un concierto suyo despertaba en el corazón de la ciudad tumultuosas albricias.
Ya desde la primera nota, los habitantes reconocÃan estremecidos su propia alma humana exhalada en aquella voz. ¿Cómo la salvaje criatura podÃa expresar asÃ, mejor que ellos mismos, el lirismo, las esperanzas y los sollozos de un alma ajena a ella?
«Un alma que no poseÃa…»
Ésta llegó a ser, poco a poco, la impresión de la ciudad… ReconocÃasele supremo arte; pero no era la asimilación de sus ensueños lo que los hombres habÃan buscado al criar en su seno a la joven leona. No. Esperaban de ella frescura ingénita, sinceridad salvaje, grito de libertad, cuanto en suma habÃa perdido el alma humana en su extenuante correrÃa mental.