Más alla
Más alla Pero ¿por qué? Todo lo anormal, monstruoso mismo de esta elección, no saltó nunca a enrojecerme el rostro de vergüenza. La miré sin mirar lo que veÃa; la seguà como un hombre dormido que camina con los ojos abiertos; le hice el amor como un sonámbulo, y como un sonámbulo voy a casarme con ella.
Pero ahora mismo, mientras veo el abismo en que mi vida se precipita, ¿por qué no me detengo?
No puedo. Tengo la sensación de que voy, de que debo ir a toda costa, como si fuera arrastrado por una soga. Soy dueño de todas mis facultades, siento y razono normalmente; pero todo esto detrás de una enorme, vaga e indiferente voluntad que rige mi alma.
Conforme me acerco a casa de ella veo como en sueños, lejanÃsima en el espacio y el tiempo, diminuta y perfectamente perceptible, la silueta de un hombre que se me parece y camina bajo el ardiente sol. Alcanzo a ver, por bajo la ropa, el alma desesperada de ese hombre. Va a casarse contra su voluntad con un monstruo. A sus ojos y a su boca misma suben la repugnancia y el horror de lo que va a hacer. La vida entera —¡ya la va a perder!— darÃa ese hombre por detenerse. Toda la rebelión de un alma encadenada pugna por sujetar esa vida que se encamina al desastre. No hace falta sino un poco de voluntad, un pequeñÃsimo esfuerzo de voluntad, y se salva…