Más alla
Más alla La groserÃa masculina… Sin la chispa de ideal que hace de un patán un poeta, las mujeres hubiéramos vuelto a las cavernas o nos habrÃamos suicidado.
Sentimiento, ternura, delicadeza de los hombres… ¡Bah! Si me atreviera a definir el amor, dirÃa que en nosotras es una esperanza y en ellos una necesidad.
Ante esta evidencia no valdrÃa la pena continuar viviendo, si de vez en cuando el Señor no depusiera desnudito en los brazos de una madre tan pequeña cosa que será luego un gran poeta.
¡Dios mÃo! ¡Mas cómo cuesta hallarlos! Conozco a todos por fotografÃa y a algunos de cerca. ¡Pero qué fugaz este cerca! La madre de Dora me insta siempre a que vaya a su casa los miércoles. Su sala es un verdadero salón literario, como los habÃa en los divinos tiempos de la princesa Matilde. Allà podré hablar con ellos, deleitarme con su conversación, gozar el abandono de entregarles con el alma, la vida entera de un instante.