Más alla
Más alla ¿Por qué no voy? Desde que comencé este diario he sentido que más temprano o más tarde debÃa anotar esta circunstancia… enojosa. Deseo que no se equivoquen sobre mÃ: me siento muy halagada de ser muy joven, y tan bella de rostro como de figura, al decir de todos. No es, pues, la hipocresÃa mi principal defecto. Pero de mà se desprende, a lo que parece, una seducción particular, una atracción honda y ciega más fuerte que mi belleza misma, y profundamente… turbadora.
—Tu alma es pura como un lirio —me ha dicho una vez mi tÃa—. Pero tu destino es más fatal: enloquecer a los hombres.
—¡Pero qué hay en mÃ, tÃa! —he sollozado casi—. ¡Yo no tengo el tipo provocador!
—¡Todo lo contrario! Pero por no haber en ti pizca de provocación, atraes como el abismo. No son tan tontos los hombres.
¡Dios mÃo! ¿Qué hacer? Por todas partes, en todos los amigos que he tratado, en todos los hombres que he conocido, la misma torpeza material, la misma grosera incomprensión del alma femenina. Creen que una sola cosa les basta para conquistar nuestra finÃsima sensibilidad: el ser hombres. ¡Y qué orgullosos se sienten de ello!