Más alla
Más alla Al concluir de leer una tras otra las siete cartas, tengo siempre la sensación de ser toda yo, hasta lo más Ãntimo de mi ser, algo dulce; pero apenas dulce, ¡de una levÃsima dulzura que se torna ansiosa de ser concretamente dulce! Paréceme que floto, sin lograr asentarme en tierra. Toco las cosas, y es como si en pos de haber sufrido mi contacto, huyeran de mÃ. ¡Y este estado de beatitud aplastada en que quiero sentirme! ¡Y esta ansia de dulzura definitiva que voy a alcanzar y me huye siempre!
A veces, cuando concluyo de contestar las siete cartas, pienso en aquel original del block. ¿Qué podÃa haberme escrito? Vulgaridades sin nombre… pero me hubieran hecho reÃr. ¡Pobre señor! Continúa resentido conmigo.
¿Y si le escribiera de nuevo? Con seguridad no se vio nunca tan halagado.
Anoche le envié dos lÃneas. He aquà su respuesta:
«Señorita: usted me pregunta por qué no le escribà más. El motivo es haberme dado cuenta, después de contestar a su carta, que yo no habÃa entendido bien. Usted hablaba de correspondencia literaria. Y yo no soy literato. En la seguridad que usted sabrá disculparme mi error, la saluda atte…»