Más alla
Más alla Los literatos, debido a la prodigalidad de sus sentimientos, reciben cartas femeninas no siempre inspiradas en una emoción artÃstica. El menos avisado de mis ocho escritores no ha dejado de sospechar en mà un lazo de este género. Ante mi silencio algunos perderán toda esperanza, y otros volverán a escribirme; pero el tono de sus cartas me indicará nÃtidamente a los que persisten en error.
Pues bien: me he equivocado. Los siete escritores de verdad han vuelto a ofrecerme su correspondencia espiritual, con la misma finura y las mismas hermosÃsimas frases de la primera vez. Sólo el octavo, el fresco señor del papel de block, no ha dado señales de vida.
He estado a punto de reÃrme sola. ¿Qué pensará el buen hombre? Se ha resentido ante mi silencio, con seguridad. ¡Pero tampoco sospechó en mà una correspondencia extra-artÃstica, pues de ser asà hubiera insistido! En fin, no creo haber perdido nada.
¡Un mes de carteo ya! ¿Fui yo, en verdad, la que buscó para alimento de su alma la palabra mágica de un literato? Comprensión, exquisitez, soplo anÃmico, caricia ideal… ¡Dios mÃo! ¡Todo, todo lo poseo de ellos! ¡Y me siento tan, tan vacÃa!