Más alla
Más alla —Es que yo no soy escritor —me dijo—. Pero tú soñabas… y no tuve valor para desengañarte. SerÃa incapaz de hacer un solo verso. He tenido que trabajar siempre para ganarme la vida; y todo lo que puedo ofrecer a una mujer es un fuerte corazón… prosaico.
¡Huy, qué discurso! Él rÃe aún:
—De modo que me quieres… ¿sin literatura?
—¡De cualquiera manera!
—¿Y (con una insinuación a mis primeras cartas) un beso no es un grosero crimen?
—¡Oh, no!
Pero él está a punto de despertarme dolorosamente, cuando me dice:
—Olvidaremos, pues, que yo era la bestia; y tú… Recuerdo que hay un cuento para niños…
—SÃ, La belle et la bête… —murmuro yo en francés.
Pero él agrega riendo —y sin recordar que yo estoy convaleciente:
—Eso es. Yo también sé francés, verás: Donc, yo soy… la bête. Et tu?
¡Dios mÃo! Se dice: Et toi… Pero bajo su boca, respondo desfallecida:
—¡La bête, aussi…!