Más alla
Más alla Ella, la mujer que con un codo en la mesa tiene fijos los ojos en su interlocutor, es muy joven.
Mejor aún: una criatura de diecisiete años. Pero los recién venidos nos informarán más ampliamente sobre ella.
—Ahà está la Perra de Olmos, tratando de conquistar a Renouard —interpreta una de las señoras.
—¿Perra…? —inquiere alguno de los jóvenes.
—SÃ, Lucila Olmos —explica la dama—. Un apodo de familia… Cuando era chica se emperraba sin dar por nada su brazo a torcer… De aquà su nombre.
—LindÃsima, a pesar de ello… —comenta el mismo joven.
—¡Ya lo creo! Y bastante bien que ha usado de su hermosura… No, no digo tanto… Ahora vuelve de Europa. ¡Pobre del ex buen mozo de Renouard, si a la Perra se le ocurre sacarlo de sus casillas!
—¿Es ése su fuerte?
—¡Oh, no! Pero tiene un estilo fijo: hacer lo que no debe. Y demasiado equilibrada, digo yo siempre, para la edad en que su madre la tuvo: cuarenta y cinco años, por lo menos… Vean la atención inmóvil con que escucha a Renouard.
—BellÃsima… —murmura a su vez otro de los jóvenes que sin lugar a dudas participa de la opinión del primero.