Más alla
Más alla —SÃ, nadie lo niega… —se encoge de hombros la enterada dama—. Pero no tan joven como ustedes creen…
—Pero…
—SÃ, ya sé lo que va usted a decir… Desde su punto de vista, es una criatura… No ha cumplido todavÃa diecisiete años. ¿Pero qué importa la edad? El corazón es lo que marca la edad de una mujer. ¿Y saben ustedes lo que la Perra de Olmos ya ha hecho en esta vida? ¡Casi nada! ¿Se acuerdan ustedes de los conciertos de Saint-Rémy, hace dos años? Una noche que el maestro tocaba en lo de X… de pronto la luz se apagó, no se sabe todavÃa cómo. En los breves momentos que duró la oscuridad, Saint-Rémy sintió que dos brazos se abrazaban a su cuello, y que una boca se unÃa a la suya. Todo duró lo que un relámpago. Cuando la luz se encendió de nuevo, Saint-Rémy se encontró solo. Y la señora más próxima se hallaba a varios metros de él. Durante los escasos segundos de oscuridad, una mujer habÃa cruzado el espacio vacÃo con una audacia sin nombre; habÃa satisfecho su pasión en los labios del músico, y habÃa tenido tiempo todavÃa para retirarse antes que la luz se encendiera.