Más alla
Más alla »Saint-Rémy reanudó su sonata como pudo. Y cuando al concluir fuimos todas las damas a felicitarlo, en vano el maestro sondeó los ojos de todas, tratando de descubrir por la inseguridad de la mirada a su incógnita adoradora.
»Cualquiera se hubiera turbado. Lucila no. Era ella. Acababa de cumplir quince años.
»¿Se dan ustedes cuenta del tupé que para hacer eso necesita una chica de esa edad? Y digo chica por decir algo, pues la Perra tiene ese cuerpo y esa belleza que ustedes le hallan desde los trece años. ¡Bien aprovechados, digo yo!
—Otra historia —solicita alguien en el grupo.
—¡Y qué más! —protesta la señora informante—. Pregunten a sus Ãntimos. Tal vez ellos sepan otras.
—Sumamente joven… —murmura el anterior solicitante.
—Ya lo he dicho: diecisiete años no cumplidos. Y ya divorciada.
—¿Eh…?