Más alla
Más alla —SÃ, divorciada. ¡Ah! Es toda una historia… Y esta vez para concluir con ellas. Cuando el año pasado Ãmsterdam entero aguardaba como al MesÃas al explorador Else que volvÃa del Polo, todas las mujeres, casadas y solteras, estaban ya locas por él. El avión en que llegaba se incendió, y sólo se pudo salvar del héroe una espantosa cosa sin ojos, sin brazos… ¡Un horror! Su misma madre, de haber vivido, no se hubiera atrevido a mirarlo. Lucila se casó con él.
—¡Chic! —exclama en voz alta un joven del grupo, volviéndose del todo a la causante.
—SÃ, muy chic —concluye la señora—. A los dos meses estaba divorciada.
Se hace un largo silencio. En la brisa demasiado fresca se oye a la sordina, bajo los duros golpes del mar, el frufrú de las palmeras, cuyas sombras erizadas danzan agitadas sobre la arena.
Altas llamadas al mozo y nuevas copas concluyen con el tema en la mesa del grupo.
Pero en la mesita distante nuestros recién conocidos proseguÃan animados su charla. HacÃa tres horas que estaban allÃ, solos y ausentes del espacio y del tiempo, como personas que se encuentran por fin en esta transitoria vida.