Más alla
Más alla Pero esta represión de torturas no calma mis males.
En la penumbra sepulcral y el silencio sin lÃmites de la vasta sala, yazgo inmóvil, con los ojos cerrados, muerto. Pero dentro de mÃ, todo mi ser está al acecho. Mi ser todo, mi colapso y mi agonÃa son un ansia blanca y extenuada hasta la muerte, que debe sobrevenir en breve.
Instante tras instante, espero oÃr más allá del silencio, desmenuzado y puntillado en vertiginosa lejanÃa, un crepitar remoto. En la tiniebla de mis ojos espero a cada momento ver, blanco, concentrado y diminuto, el fantasma de una mujer.
En un pasado reciente e inmemorial, ese fantasma paseó por el comedor, se detuvo, reemprendió su camino, sin saber qué destino era el suyo. Después…
Yo era un hombre robusto, de buen humor y nervios sanos. Recibà un dÃa una carta de un desconocido en que se me solicitaba datos sobre ciertos comentarios hechos una vez por mà alrededor de los rayos N1.
Aunque no es raro recibir demandas por el estilo, llamó mi atención el interés demostrado hacia un ligero artÃculo de divulgación, de parte de un individuo a todas luces culto, como en sus breves lÃneas lo dejaba traslucir el incógnito solicitante.