Más alla
Más alla Dicho lo cual, y con las manos siempre cruzadas, esperó.
Yo respondà inmediatamente. Pero con la misma rapidez que se analiza y desmenuza un largo recuerdo antes de contestar, me acordé de la sugestión a que habÃa aludido el visitante: si la retina impresionada por la ardiente contemplación de un retrato puede influir sobre una placa sensible al punto de obtener un «doble» de ese retrato, del mismo modo las fuerzas vivas del alma pueden, bajo la excitación de tales rayos emocionales, no producir, sino «crear» una imagen en un circuito visual y tangible…
Tal era la tesis sustentada en mi artÃculo.
—No sé —habÃa respondido yo inmediatamente— que se hayan hecho experiencias al respecto… Todo eso no ha sido más que una especulación imaginativa, como dice usted muy bien. Nada hay de serio en mi tesis.
—¿No cree usted, entonces, en ella?
Y con las cruzadas manos siempre calmas, mi visitante me miró.
Esa mirada —que llegaba recién— era lo que me habÃa preiluminado sobre los verdaderos motivos que tenÃa mi hombre para conocer «mi impresión personal».
Pero no contesté.