Más alla
Más alla —Creo lo mismo —asentà yo, y en pos de una pausa—. ¿Está usted seguro, señor Rosales, de su sistema nervioso?
—Mucho —tornó a sonreÃr con su calma habitual—. SerÃa para mà un placer tenerle a usted al cabo de mis experiencias. ¿Me permite usted que nos volvamos a ver otro dÃa? Yo vivo solo, tengo pocos amigos, y es demasiado rico el conocimiento que he hecho de usted para que no desee contarlo entre aquéllos.
—Encantado, señor Rosales —me incliné.
Y un instante después, dicho extraño señor abandonaba mi compañÃa.
Muy extraño, sin duda. Un hombre culto, de gran fortuna, sin patria y sin amigos, entretenido en experiencias más extrañas que su mismo existir, lo tenÃa todo de su parte para excitar mi curiosidad. PodrÃa él ser un maniático, un perseguido y un fronterizo; pero lo que es indudable, es que poseÃa una gran fuerza de voluntad… Y para los seres que viven en la frontera del más allá racional, la voluntad es el único sésamo que puede abrirles las puertas de lo eternamente prohibido.